El dolor de cientos de familias clama justicia mientras los responsables enfrentan la ley. A poco más de dos meses del fatídico suceso que enlutó al país y conmovió al mundo, fueron arrestados Antonio Espaillat, propietario de la emblemática discoteca Jet Set, y su hermana Maribel Espaillat.
La tragedia, que dejó 236 personas muertas, 103 niños huérfanos y decenas de familias completamente destruidas, representa una de las mayores catástrofes humanas provocadas por negligencia en la historia reciente del país.
El Ministerio Público ha solicitado 18 meses de prisión preventiva para Antonio Espaillat y prisión domiciliaria para su hermana Maribel. Sin embargo, la población dominicana no está conforme.
El clamor ciudadano en las calles, reflejado en protestas y manifestaciones, exige sentencias ejemplares de entre 20 y 30 años de prisión para los implicados, una pena que, de acuerdo con el Código Penal Dominicano, es posible si se comprueban responsabilidades por homicidio involuntario, negligencia criminal o violaciones a leyes de seguridad pública.
Lo más doloroso es que esta tragedia pudo evitarse. Testimonios, documentos filtrados y múltiples denuncias apuntan a que hubo advertencias, reportes técnicos y omisiones claras que fueron ignoradas. Todo parece indicar que el dinero, la reputación y los intereses económicos jugaron un rol más importante que la seguridad y la vida humana.
Aunque la justicia actúe y los culpables enfrenten condena, nada podrá resarcir la pérdida de tantas vidas. Ninguna sentencia devolverá a los hijos sus padres, ni sanará la angustia de quienes perdieron a toda su familia en cuestión de minutos. Por ello, es urgente que, más allá del castigo penal, el Estado y los responsables garanticen una indemnización justa a las víctimas. Es un deber moral y humano.
El pueblo está herido, indignado y cansado de que la justicia favorezca a los poderosos. Y aunque muchos piensan que los 20 o 30 años que piden no se impondrán, lo cierto es que el daño está hecho. La memoria de las víctimas exige más que palabras. Porque un imperio puede caer, pero lo verdaderamente irrecuperable son las vidas que nunca debieron perderse.
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