María es madre de un niño con autismo. También es empleada, cuidadora, maestra improvisada y pilar de su hogar. Ama profundamente a su hijo, pero hay días en los que el cansancio pesa tanto que siente que no puede respirar.
Entre terapias, trabajo, responsabilidades y preocupaciones constantes, el tiempo para ella casi no existe. A veces no alcanza ni para una ducha tranquila o para ver un capítulo de su serie favorita. No porque no quiera, sino porque siempre hay algo más urgente.
“Si Dios te eligió para un hijo con autismo, es porque tu amor tiene la fuerza para acompañar su misión.”
Cuando alguien decidió ayudar a su hijo —con apoyo, comprensión y recursos— también miró a María. Entendieron que acompañar a un niño con autismo es también sostener a la madre que nunca se rinde.
Porque cuando una madre se siente vista, apoyada y comprendida, no solo mejora su bienestar: también florece la vida de su hijo.
